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Sabemos la actualidad económica que estamos viviendo, y en donde muchas empresas optan por la recesión, otras por sólo atravesar esta etapa con la menor cantidad de gastos e inversiones posibles y algunas empresas optan por una inversión estratégica en el Diseño Industrial dentro de sus empresas.

Como ya sabemos a lo largo de la historia han ocurrido muchos sucesos similares a escala mundial, como por ejemplo la Gran Depresión que inicio en octubre de 1929, en donde el Diseño Industrial jugó un papel muy importante para que las empresas iniciaran un ciclo de expansión.  Productos de consumo como automóviles, cocinas, heladeras y una amplia gama de productos domésticos, tanto mecánicos como eléctricos, adquirieron un aspecto moderno y estilizado, siendo con frecuencia más baratos de fabricar y más fáciles de usar que sus predecesores, por lo que las ventas aumentaron considerablemente.

También casos similares pasaron con las crisis de 1970, la de 1982, la de 1987 o con la última crisis del siglo XX, que fue la crisis de Julio de 1997 en Asia, también conocida como la crisis del Fondo Monetario Internacional.

En momentos de crisis como el actual, la industria opta por modernizarse y buscar elementos diferenciadores que dinamicen las empresas.

Uno de los retos del diseño industrial es transformar los modelos actuales de producción y consumo, donde se debe llevar a cabo el desarrollo de nuevas herramientas y metodologías orientadas a la mejora de los procesos de diseño y desarrollo del producto. La frase “innovar o morir” ha estimulado a las empresas a orientarse hacia la estrategia de la innovación en el desarrollo de nuevos productos.

De igual manera es vital inculcar en la empresa que el diseño marca una diferenciación con la competencia. El diseño es marca y la marca es venta, por eso el diseñador debe estar presente en toda la dinámica de trabajo de la empresa, desde la fase conceptual del nuevo diseño hasta la fase final de reutilización y reciclado del producto. La concienciación por los temas ambientales, debe suponer un aumento en la demanda de los productos catalogados como ecológicos y un factor que contribuya a la superación de esta crisis.

Por ello, la gestión estratégica del diseño industrial constituye para las empresas una fuente esencial de ventajas competitivas sostenibles a medio y largo plazo. Obteniendo beneficios tangibles como el incremento en volumen de ventas, aumento de rentabilidad, reducción de costes, aumento de beneficios, incremento de márgenes, mejora de tiempos de producción y reducción de componentes. Y beneficios intangibles como la mejora de imagen de empresa, satisfacción y fidelidad del cliente, diferenciación de productos, mejora de calidad y entrada a nuevos segmentos.

Sin dudas cada día más, el diseño industrial se convierte en un elemento vital para lograr la diferenciación y conseguir la supervivencia de empresas en un escenario de crisis económica como el actual.

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